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Historias

De barcos, calderas y programas

El capitán Cornelius Obsolette llevaba en el negocio del transporte marítimo más de treinta años. “Toda mi vida” – solía decir cuando se lo preguntaban, y a veces sin que se lo preguntasen. Estaba muy considerado en su profesión, por lo que cuando el negocio cambió radicalmente con la aparición de los barcos a vapor, la empresa para la que trabajaba siguió contando con él. El experimentado capitán volvió a sentir temores que pensaba que se habían quedado en el pasado, cuando comenzaba a aprender su profesión. Su puesto era el mismo y las rutas a realizar también, pero ya no tenía que preocuparse tanto de mareas, corrientes y vientos, pues su nuevo barco surcaba los mares impasible y seguro, ajeno a la climatología.

La seguridad que le daba su nueva embarcación se veía empañada con la sensación de haber perdido un poco el control de la navegación. Antes era consciente de todos los movimientos y actividades de la tripulación, sin embargo ahora había aspectos del funcionamiento del barco – su barco – que no conocía, y eso le provocaba una cierta inquietud. Muchos de los tripulantes eran los mismos que le habían acompañado en sus viajes previos y con funciones similares, pero había otros de los que no tenía ni idea de cuál era su función. Le molestaban sobremanera un par de marineros que solo aparecían en cubierta ocasionalmente, bastante sucios y desaliñados, por cierto, que se recostaban en la borda mientas charlaban animadamente. “¿A qué se dedicará esta gente?” – se preguntaba, irritado. No le gustaba malgastar recursos, y no entendía qué hacían esos dos perdiendo el tiempo mientras los demás se afanaban en su trabajo.

El viejo capitán no tenía ni idea de cómo se movía su barco, no sabía cómo funcionaba una máquina de vapor, ni que había que estar continuamente alimentándola de carbón para que el barco no se parase. No entendía, por lo tanto, que los encargados de alimentar la caldera tuvieran que salir de vez en cuando a cubierta a descansar y tomar algo de aire fresco.

Con los informáticos en los equipos actuales de trabajo a veces pasa algo similar, cuando son dirigidos por personas desconocedoras de las nuevas tecnologías. Se les ve como trabajadores casi innecesarios, sustituibles, ajenos al verdadero negocio (también desaliñados, pero eso es otra historia). Al igual que le ocurría al viejo capitán, hoy en día también hay quienes no son conscientes de cuánto trabajo lleva mantener llena su caldera de datos y programas, aquello que hace moverse tan rápido su negocio.